ELLOS ME RESCATARON (De mi colección "Érase una vez en la escuela")

Por Lilia E. Calderón Almerco

Es un día cualquiera en la escuela y estoy, entre apenada y molesta, frente a la puerta cerrada del aula de clase. Adentro están los alumnos de segundo de Secundaria, y los escucho en algarabía total. 

Sin más, respiro hondo, abro la puerta y entro sonriente al aula, con actitud optimista, saludando y diciendo lo acostumbrado por mí, "buenos días, chicos", y mantengo la sonrisa, ellos responden al saludo y yo sigo, "bienvenidos a su clase de Comunicación, la más esperada por todos". Algunos estudiantes sonríen tolerantes ante mi saludo. Yo, me voy sintiendo mejor. 

La clase está animada. Los chicos han elaborado un texto descriptivo tipo retrato sobre una persona conocida a la que ellos aprecian. En este momento, se han reunido en pares para compartir sus escritos. Uno lee para el otro. Me desplazo entre ellos y veo sonrisas, seriedad, diálogo. Me entusiasma verlos así, tan interesados al hablar de la persona descrita.

Más tarde, llega el momento en que intercambian sus escritos para corregir la gramática o escribir recomendaciones y comentarios para sus compañeros. Aquí es cuando varios me consultan a la vez, deseosos de realizar las correcciones gramaticales acertadamente. Ligeramente, leo partes de algunos textos y me sorprendo de  las cualidades y valores que ellos han captado en otros.

Finalmente, recojo los escritos para las observaciones finales, y la clase termina. Salgo contenta, reconfortada, lejos de la pena aquella. Entonces constato que, sin saberlo, los alumnos disiparon en mí la tristeza, me contagiaron su entusiasmo juvenil. Y suscribo que siempre fue así. Siempre, ellos me rescataron a mí. 

Comentarios