Por Lilia E. Calderón Almerco
Era tal la demanda que las aulas estaban superpobladas. Particularmente,
el quinto grado de Secundaria era tan numeroso que las estudiantes se distribuían
en siete aulas llamadas A, B, C, D, E, F y G. Estas aulas albergaban a más de 50
estudiantes, aunque solo poseían capacidad para 36, de modo que las alumnas,
sentadas en carpetas bipersonales, llegaban a ocupar desde el espacio que
rodeaba el escritorio de la docente hasta el umbral de la puerta de ingreso.
Sin embargo, tal incomodidad contrastaba con el interés y el ingenio de las
estudiantes. Unas llegaban muy temprano para sentarse adelante o preferían
estar de pie, pero adelante, cuando les tocaba sentarse atrás. Otras improvisaban
mesas con las carpetas para poder trazar, a gran escala, una línea de tiempo,
un cuadro comparativo, un mapa mental o un mapa geográfico o consultar un libro.
O aquellas que sacaban sus carpetas fuera del aula para realizar tareas de
equipo que incluían el grabar una entrevista. Inclusive, hubo una que trajo su
propia carpeta unipersonal para poder ubicarse mejor en el aula.
Durante las clases, a fin de atender a todo el grupo, un
tema general era fraccionado en 7 u 8 subtemas con sus respectivas consignas y
materiales, los cuales eran entregados a los 7 u 8 grupos organizados. Unos 15
minutos antes de culminar la clase, cada grupo exhibía en las paredes los
pliegos de papel o cartulina con los resultados de su trabajo, a modo de museo,
mientras las demás se acercaban a leer y observar, dejando al margen anotaciones
escritas como felicitaciones, sugerencias o preguntas. En la clase siguiente, una
representante de cada grupo de trabajo exponía una sinopsis del subtema estudiado.
Luego de intercambiar preguntas y respuestas, la docente complementaba respecto
a las preguntas y sugerencias dejadas en la clase anterior y en la presente. Después,
cada estudiante elaboraba un informe sobre todo el tema general. Para la
evaluación, las estudiantes intercambiaban sus informes escritos, y luego de
leerlos, escribían en él un comentario evaluativo para luego ser entregado a la
docente quien culminaba el proceso de evaluación. Eran experiencias muy
agotadoras, pero satisfactorias.
Posteriormente, dicha escuela fue declarada inhabitable e insegura y las niñas tuvieron que mudarse. Actualmente, está en reparación para convertirse en otra institución estatal.
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